Aunque el blog es sobre Física, no puedo dejar de opinar, dada mi condición de profesor (de secundaria), sobre algunas de las ideas que sobre esta etapa de la educación están en el aire, tales como la gamificación, la clase invertida o la educación por proyectos.
Siempre las oigo unidas a la idea de que estamos educando como lo hacíamos hace 200 años.
Es decir, se traslada la idea de que estamos educando mal.

Una consideración previa, me parece que cualquier iniciativa que pretenda experimentar nuevos métodos de enseñanza es digna de aplaudir y tener en consideración. A través de la experiencia es como la ciencia avanza. Por lo tanto hay que alabar el esfuerzo de quien lo intenta.
Pero de lo que dudo más, es de que cualquiera de ellas se pueda generalizar al sistema educativo, al menos en este momento.
Alguno de estos métodos lleva consigo una dedicación de tiempo enorme. Según declaraciones de uno de estos profesores que esta llevando a cabo la experiencia, el vídeo necesario para una clase invertida de 15 minutos puede llevar alrededor de 10 horas entre la grabación y la edición. Si a ello le añadimos que el alumno, ademas del tiempo dedicado a clase le tiene que dedicar el tiempo de casa, ello seguramente lleva a añadir al tiempo de clase otra hora de estudio en casa.
Si hacemos eso con las 6 asignaturas que habrá tenido en el instituto ese día, estamos doblando el tiempo de dedicación del alumno al estudio a 12 horas diarias.
No creo que pueda ser viable un sistema educativo que se base en un tiempo de trabajo de los profesionales de 50 horas a la semana dadas las horas de preparación de la clase, vídeos, respuestas de correos y comentarios a los vídeos en cualquiera de las plataformas que se utilice.
Es un cálculo hecho grosso modo, pero supongo que se entiende la idea que quiero transmitir: Se necesita demasiado tiempo de dedicación tanto por parte de los alumnos como de los profesores.
Es decir, no creo que se pueda diseñar un sistema educativo, sobretodo con los medios de que disponemos en estos momentos, basándose en estas metodologías.
Aunque no discuto que alguna de ellas o todas se puedan utilizar en el futuro.

Por tanto, yo voy a aportar algunas ideas a este maremágnum sobre la innovación educativa.

  • En primer lugar, creo que el sistema educativo que tenemos es el mejor que hemos tenido en la historia.
    Estamos hartos de oír que cada generación que sale de nuestros centros superiores es la mejor preparada de la historia. E inmediatamente después que el sistema que lo ha hecho posible es muy malo y necesita reformarse de arriba a abajo.
    ¿Con cual de las dos afirmaciones nos quedamos? Porque son contradictorias.
    Pues bien, yo creo que es bueno. Y creo que fundamentalmente se debe a dos razones: la primera al aumento del presupuesto destinado a educación (me refiero a los últimos 40 años) y la segunda gracias al profesorado que pone un poco sentido común al caos legislativo que padecemos. Este sistema ha permitido a varias decenas de generaciones de nuestro país formarse lo suficientemente bien como para que nuestros alumnos se incorporen a cualquier otro sistema educativo de cualquier otro país sin problemas y, una vez acabada la formación universitaria (es la que yo conozco, no puedo hablar de la formación profesional) integrarse con éxito en el mundo laboral aquí y en el extranjero. No se puede decir lo mismo de los alumnos provenientes de otros sistemas educativos de países muy avanzados que tienen serias dificultades para incorporarse al nuestro.

 

  • Pero por supuesto es mejorable.
    Aunque antes de innovar o de cambiar nada teniendo en cuenta el punto anterior, creo que conviene mejorar lo que tenemos. Y ello se puede conseguir disminuyendo el número de alumnos por aula.
    Si un profesor tuviera como máximo 10 alumnos (podría llegar hasta 15 pero no mas) en su aula la enseñanza si podría ser individualizada, cada alumno podría aprender a su ritmo bajo la supervisión del profesor que si le podría dedicar el tiempo necesario.
    Eso si, con mas profesorado de apoyo para aquellos alumnos que necesitan ayuda y que un profesor no especializado en trastornos del aprendizaje, como somos los de secundaria, no puede darle. Es decir, se necesita más inversión.

 

  • Al alumno que abandona los estudios se le llama fracasado, pues se le cuenta en eso que se ha venido en llamar fracaso escolar. Yo creo que solo se puede llamar fracasado al que intenta algo y no lo consigue y por mi experiencia he visto que estos son muy pocos.
    La mayoría de los alumnos que abandonan los estudios es porque no les gusta. No llegan a intentarlo, sencillamente prefieren otro tipo de actividades.
    Todos conocemos a gente que abandonó los estudios y se dedicó a otras actividades en las que tuvieron un rotundo éxito en la vida y hoy dirigen multinacionales que ellos mismo crearon y otros, sin tanto éxito como los anteriores, pero que han tenido una vida digna y plena. Creo que todos tenemos ejemplos en nuestro entorno.
    Sería conveniente pensar si es bueno obligar a estos alumnos a permanecer en el sistema y, si así fuera, que tipo de actividades deberían desarrollar hasta la edad laboral. Pero desde luego no creo que deban estar junto con los que quieren y se interesan por estudiar.

 

  • He oído opiniones sobre que si la Formación profesional esta bien o mal. No puedo opinar porque no la conozco lo suficiente. Pero lo que si creo es que es un mundo totalmente diferente al de la enseñanza académica y no veo razón por la que deban compartir instalaciones. Se convive de mala manera y ello genera conflictos.

 

  • Por otro lado estas experiencias innovadoras me da la impresión que parten de una premisa para mi equivocada y es que se puede aprender cualquier cosa jugando y sin esfuerzo.
    Todavía nadie ha conseguido explicarme como se pueden aprender derivadas e integrales o la Relatividad de Einstein jugando y sin esfuerzo (todo ello se estudia en Bachillerato).
    Creo que el aprendizaje requiere trabajo y concentración y esa cultura se debe transmitir como valor a través del sistema educativo.

 

  • Desde mi punto de vista se debe empezar cambiando lo que he apuntado en los apartados anteriores y solo después es cuando podremos aplicar esas otras metodologías. Mientras tanto no podrán pasar de experiencias puntuales, pero nunca generalizadas.
    Me parece absurdo intentarlo en unas condiciones en las que una gran parte del esfuerzo de un profesor en una clase de secundaria es la de mantener el orden de los 30 alumnos que tiene en un aula.

 

  • Creo que las NNTT se deben ir incorporando a la enseñanza como herramientas.
    No veo porqué ahora debemos desechar todo lo que hay y que nos ha traído hasta aquí.
    No creo que se deba prescindir de las clases presenciales y hacerlo todo online. ¿Tal vez a través de las las redes sociales?
    Por otro lado no debemos perder de vista lo que significan las clases en relación con la conciliación de la vida familiar y laboral para millones de familias.
    Luego si no parece conveniente prescindir de ellas, al menos en los niveles obligatorios de la enseñanza, debemos utilizar la tecnología para mejorarlas, es decir, como herramientas dentro o fuera de la clase pero no como sustituta de ella.

 

  • También he oído hablar de eliminar las asignaturas.
    Quizá nos olvidamos que las asignaturas son las áreas de conocimiento en las que el ser humano ha dividido la realidad que nos rodea.
    Creo que debemos conocerlas para saber como es el mundo en el que vivimos. No basta con decir que está en la red a un clic de distancia.
    Hay que estudiarlo, ya sea como ahora en Internet o como se hacía antes en un libro. Si no lo hacemos es muy posible que busquemos algo en Google y no seamos capaces de entender lo que encontremos.
    Y ademas, a partir de esas áreas de conocimiento se pueden conseguir las competencias que necesitaremos para incorporarnos a la sociedad y seguir avanzado en ella.
    No es necesario echar por tierra todo lo que hemos conseguido hasta ahora con la excusa de las NNTT.

Son ideas que intentan aportar algo de orden a este caos en el que vivimos los que nos dedicamos a este difícil mundo de la enseñanza secundaria.